Uno de los múltiples relatos acerca del origen del ser humano, aquél que se incluye en La Biblia, concede una gran relevancia en tan delicado asunto a un hueso. En efecto, en el Génesis se lee: Entonces Yahvéh Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne. De la costilla que Yahvéh Dios había tomado del hombre formó a la mujer.
Los más modernos descubrimientos científicos sobre el origen y la evolución de la especie humana coinciden con el relato bíblico al señalar que fue un hueso el que tuvo la mayor responsabilidad a la hora de convertirnos en lo que hoy somos. Pero la ciencia y la creencia difieren en dos aspectos fundamentales: el tipo de hueso y el sexo del portador de la pieza. Para La Biblia fue la costilla de Adán; para la ciencia, la cadera de Eva.
Cuando se considera a la especie humana desde el punto de vista de la fisiología, y más desde la fisiología endocrinológica, y se la compara con el resto de las especies que viven en la actualidad, sorprende descubrir que aquellas características de la especie humana que no podemos encontrar en otras especies, todas se manifiestan en el organismo de la mujer:
1.- La receptividad sexual constante y la ocultación de la fertilidad; es decir, que la hembra humana es receptiva al macho, incluso fuera del periodo de fertilidad, y que cuando llega tan delicado momento, no se anuncia llamativamente.
2.- La posición ventral para la cópula que, aunque no es la única postura posible en el ser humano, es la más natural por la disposición, también única en nuestra especie, de la vagina hacia delante, con apertura ventral de la vulva. Ningún otro animal copula normalmente cara a cara.
3.- El orgasmo femenino, una rareza en el reino zoológico y aparentemente sin ninguna función respecto a la procreación, ya que a diferencia del hombre la mujer puede ser fecundada en ausencia de orgasmo.
4.- La menstruación; es decir, un aparente desperdicio periódico de nutrientes y de minerales, sobre todo de hierro, ya que el cuerpo desecha por la vagina la mucosa uterina no utilizada.
5.- Un parto difícil que requiere, en la mayor parte de los casos, la ayuda de otra persona, y se convierte, así, en un acto social.
6.- Unas crías prematuras, incapaces de valerse por sí mismas hasta los cinco años de edad.
7.- La menopausia, es decir, el cese de la actividad reproductora muchos años antes de la muerte biológica, y su consecuencia más directa: la invención de la figura de la abuela.
¿Qué importancia tuvieron estos cambios en la evolución de la especie humana? ¿Hubiera sido posible nuestra evolución sin el desarrollo de estas modificaciones en el organismo de la hembra de la especie? Resulta evidente que de nada hubieran servido las prodigiosas contribuciones morfológicas, neuroendocrinas y metabólicas que lograron, a lo largo de millones de años de evolución, desarrollar nuestro gran cerebro si, paralelamente, no hubiera evolucionado una cadera capaz de parir el enorme cráneo que lo contiene.
A lo largo de las páginas de este libro se documenta cómo cientos de miles de hembras, a lo largo de millones de años de evolución, soportaron cambios drásticos en sus organismos para adaptarse con éxito a cada nueva circunstancia ambiental, a cada cambio ecológico, y así impulsaron la evolución de toda la especie humana. Este libro, por lo tanto, condensa las biografías evolutivas de todas esas Evas que nos precedieron.
En el Álbum de Fotos La Cadera de Eva se pueden ver las ilustraciones del libro a color, obra de lka creatividad y el buen hacer del excelente artista Dionisio Álvarez Cueto, con comentarios, así como figuras e información adicional de interés. También se corrigen dos erratas que se "deslizaron" en las figuras 4.1 y 15.1 del libro.

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